Chile lleva 38 meses consecutivos con una tasa de desempleo igual o superior al 8%. Este 1° de Mayo, la pregunta que nadie está haciendo es: ¿qué le ocurre a la negociación colectiva cuando el mercado laboral está tan deteriorado?
El dato de la semana
El miércoles 29 de abril, en vísperas del Día del Trabajo, el INE publicó los resultados de la Encuesta Nacional de Empleo correspondiente al trimestre enero–marzo de 2026. El titular lo dijo todo: 8,9% de desocupación nacional, superando las expectativas del mercado, que proyectaba un 8,6%.
Los números son elocuentes: 8,9% de desempleo nacional, 9,6% en la Región Metropolitana, 10% de desocupación femenina y 925.000 personas sin trabajo, completando 38 meses consecutivos sobre el 8%. El ministro del Trabajo, Tomás Rau, lo calificó en voz alta como «inaceptable».
El Banco Central revisó a la baja sus proyecciones de crecimiento para 2026, situándolas entre 1,5% y 2,5%. Toda la conversación pública gira, con razón, en torno a quienes no tienen trabajo. Pero hay otra dimensión del mercado laboral que queda fuera del análisis: la de los trabajadores que sí tienen empleo y que este año deberán sentarse a una mesa de negociación colectiva.
¿Qué ocurre con la negociación colectiva en contextos de alto desempleo?
No existen estudios específicos para Chile sobre esta relación. Sin embargo, la evidencia internacional es consistente y merece atención.
Lo que dicen los estudios internacionales
El poder de negociación sindical cae cuando el desempleo sube. La lógica es directa: la principal palanca del trabajador en una negociación es la posibilidad de renunciar o de ir a huelga. Cuando hay muchos desocupados dispuestos a ocupar el puesto, esa amenaza pierde credibilidad. El empleador sabe —y el trabajador también— que hay cola afuera. En Chile, el reemplazo en huelga es ilegal, pero cuando hay alto desempleo, las empresas tienen más opciones para optimizar su fuerza de trabajo.
Las huelgas se vuelven más costosas para los trabajadores. Durante períodos de alto desempleo y alta inflación, la probabilidad de que los trabajadores estén menos disponibles para ir a una huelga, aumenta.
Aparecen las «negociaciones de concesión». En EE.UU., durante la recesión de 1982, se contabilizaron 159 convenios colectivos con concesiones —congelamiento o rebaja de salarios y beneficios—, incluso en sectores históricamente sindicalizados como el acero y la automotriz. Fue la primera vez en la historia que esas industrias aceptaron reducciones de salarios horarios.
Los efectos son más fuertes en trabajadores de menores ingresos. La correlación entre desempleo y salarios es más intensa en los quintiles inferiores. Los trabajadores de mayores salarios tienen más movilidad laboral y menor dependencia del contexto macro.
La Gran Recesión (2008–2009) como caso de estudio. En Europa del Sur, bajo presión internacional, se permitió la suspensión de aumentos salariales sectoriales en empresas en dificultades. En Italia, trabajadores de Fiat votaron a favor de condiciones más restrictivas ante la amenaza de cierre y relocalización.
Pero la negociación colectiva actúa como amortiguador. La evidencia más reciente —publicada por el NBER en 2024 con datos de 18 economías avanzadas— muestra que incluso en períodos de alta desocupación, los trabajadores cubiertos por convenios colectivos mantienen mejores condiciones que quienes negocian individualmente. La cobertura colectiva no elimina el efecto del desempleo, pero lo amortigua.
«Los trabajadores no tienen el poder de negociación colectiva para exigir más. El poder, en este momento, lo tienen las empresas.» — Andrew Sum, economista, Universidad de Northeastern (2008)
El caso chileno: particularidades que importan
En Chile, la negociación colectiva es esencialmente por empresa —no por rama ni sector— lo que significa que cada sindicato negocia en relativa soledad frente a su empleador, sin el respaldo de un acuerdo sectorial que establezca un piso común. En este diseño, las variables del mercado laboral macro tienen un efecto amplificado sobre la posición relativa del sindicato.
Hay un segundo factor relevante: la informalidad laboral llegó al 26,5% en el último reporte. Un cuarto de los trabajadores opera fuera del sistema de negociación colectiva formal. Eso significa que el «ejército de reserva laboral» con el que implícitamente negocia cada sindicato es, en la práctica, aún más amplio que el 8,9% de desocupación sugiere.
¿Qué hacer con esta información?
Para los equipos sindicales, un mercado laboral deteriorado no significa que no haya nada que negociar. Significa que la estrategia debe priorizar los elementos de certeza y protección —estabilidad, beneficios no salariales, cláusulas de reajuste— por sobre las demandas de aumento inmediato que el contexto hace más difíciles de sostener.
Para los equipos de gestión, la tentación de aprovechar la posición de ventaja puede resultar contraproducente en el largo plazo. Las empresas que aprovechan recesiones para imponer concesiones unilaterales acumulan tensión sindical que se expresa con fuerza en los siguientes ciclos de negociación, cuando el mercado laboral se recupera.
La pregunta para el debate
En Negociactiva creemos que la mejor negociación no es la que aprovecha la asimetría de poder, sino la que la gestiona con inteligencia estratégica. En contextos de alto desempleo, eso requiere más preparación, no menos.
Este 1° de Mayo, nos parece importante ampliar el debate: no solo hablar de quienes no tienen trabajo, sino también de las condiciones en que negocian quienes sí lo tienen. Únete a la conversación en LinkedIn.
Fuentes: INE – Encuesta Nacional de Empleo enero-marzo 2026 (29/04/2026). NBER Working Paper 33267 (2024). Economic Policy Institute (2021). IZA Journal of Labor Policy (2016). Federal Reserve Bank of St. Louis (2014).
