Sindicatos en el siglo XXI: ¿aliados del progreso o necesidad de reinventarse?

Sindicatos en el siglo XXI: ¿aliados del progreso o necesidad de reinventarse?

El debate sobre el rol de los sindicatos volvió con fuerza tras el reconocimiento a Daron Acemoglu y James Robinson, autores de Por qué fracasan los países, por su contribución a entender cómo las instituciones influyen en el desarrollo económico y social.

En su análisis, los sindicatos no son buenos ni malos por definición. Su impacto depende de cómo ejercen su poder, cómo dialogan con otros actores y qué tan capaces son de adaptarse a contextos cambiantes.

1. Sindicatos como equilibrio de poder y justicia social

Los autores destacan que los sindicatos pueden cumplir un rol fundamental al equilibrar el poder entre trabajadores y empleadores, promoviendo condiciones más justas y una distribución más equitativa de los beneficios del crecimiento.

En la práctica, este equilibrio funciona mejor cuando existe una relación laboral estructurada, con reglas claras y canales formales de diálogo, más allá de los períodos de negociación colectiva. Trabajar esta base relacional de manera preventiva es clave para evitar que las tensiones se acumulen y estallen en la mesa, por ejemplo, a través de instancias estructuradas de buenas prácticas en relaciones laborales.

2. El riesgo de la rigidez: cuando los privilegios frenan

Acemoglu y Robinson advierten que, cuando los sindicatos se vuelven rígidos y se enfocan en proteger intereses específicos sin considerar el contexto, pueden obstaculizar la innovación, limitar la competencia y afectar la economía en su conjunto.

En negociaciones colectivas, este riesgo se amplifica cuando las discusiones se dan sin información objetiva sobre costos, impactos y sostenibilidad. Contar con datos claros sobre el contrato colectivo y sus implicancias reales permite mover la conversación desde posiciones defensivas hacia decisiones más informadas, apoyándose en una valorización técnica del contrato colectivo.

3. Instituciones inclusivas versus sistemas extractivos

El libro plantea una distinción central: las instituciones inclusivas benefician a la mayoría, mientras que las extractivas concentran poder y beneficios en pocos actores. Los sindicatos pueden contribuir a uno u otro modelo.

Cuando capturan poder sin contrapesos, generan sistemas extractivos. Cuando participan de un diálogo equilibrado y con visión de largo plazo, fortalecen instituciones inclusivas. En este punto, la preparación técnica de las partes y la claridad estratégica del proceso negociador son determinantes para evitar dinámicas de captura o bloqueo, lo que exige una planificación estructurada de la negociación colectiva.

4. El desafío del dinamismo económico y la adaptación

Otra idea clave es que el desarrollo requiere capacidad de adaptación. Los sindicatos que se resisten a cualquier forma de modernización pueden transformarse en un freno para los cambios necesarios en el mercado laboral, afectando la competitividad del país y de las organizaciones.

En contextos de transformación, el desafío no es eliminar el conflicto, sino gestionarlo con método, evaluando escenarios, ajustando tácticas y manteniendo coherencia estratégica durante todo el proceso, algo que se logra con acompañamiento técnico durante la negociación colectiva (Acompañamiento Estratégico en Negociación Colectiva).

5. Diálogo constructivo como base del desarrollo sostenible

Finalmente, Acemoglu y Robinson subrayan que el diálogo constructivo entre sindicatos, empleadores y gobiernos es una condición clave para el desarrollo sostenible y para evitar conflictos prolongados.

Este diálogo no surge espontáneamente en la negociación colectiva. Se construye antes, preparando a quienes representan a la empresa para comunicar con claridad, sostener argumentos y manejar tensiones sin escalar el conflicto, mediante la preparación específica de las comisiones negociadoras.

La pregunta no es si los sindicatos son aliados del progreso o un obstáculo al cambio.
La pregunta real es cómo se gestionan las relaciones laborales, qué tan maduras son las instituciones involucradas y cuánta disposición existe para dialogar con visión de futuro.

Porque, como muestran tanto la teoría como la experiencia práctica, las negociaciones más exitosas no se explican solo por lo que ocurre en la mesa, sino por todo lo que se trabaja o se descuida antes de llegar a ella.